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Pensando en el amor propio

¿Cuál es el primer mandamiento de todos? Ese fue el tema de estudio este pasado mes en Cottonwood, haciendo énfasis sobre la parte de “amar a tu prójimo” en preparación para el mes de Febrero que será un alcance especial a nuestros vecinos. El pasaje lo encontramos en Marcos 12:28-34, y Jesús responde a la pregunta con las siguientes palabras: “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.” Veamos la progresión:

  1. Amarás a Dios con todo tu corazón, tu mente y tus fuerzas
  2. Amarás a tu prójimo
  3. Te amarás a ti mismo.

Aunque el último habla del amor propio, no es porque queda en último lugar, o es de menos importancia. Si no nos amamos a nosotros mismos, nos será imposible amar a nuestro prójimo, ya que uno queda sujeto al otro.   Sin embargo el tema nos asusta, porque da connotaciones de tendencias narcisistas, motivaciones egoístas, inclinaciones vanidosas, y todo tipo de pensamientos negativos, ya que automáticamente recordamos las palabras y las enseñanzas de Jesús, donde nos dice, por ejemplo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo y tome su cruz cada día y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará.” …”El que ama su vida, la perderá”… Eso en si es motivación suficiente para no entrar en el tema del amor propio. O sea, ¿Quién quiere perder su vida? O que de Marcos 10:31 y 43, donde Jesús responde: “Pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros.” “Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor” Al hablar del amor propio, parece que surge automáticamente ese pensar que nos estamos poniendo en primer lugar. Y si hacemos esto, remontando a lo que dijo Jesús, seremos los últimos. ¿Y quién quiere eso?!! Sin embargo, al leer bien las Escrituras, nos damos cuenta que no están en contra de que nos amemos a nosotros mismos, sino en que nos levantemos como ídolos, como la única cosa que tiene importancia. No podemos escapar el hecho que Jesucristo mismo dijo que el segundo mandamiento después de amar a Dios con todo nuestro ser, es el amar a nuestro prójimo como nos amamos a nosotros mismos. Entonces, una condición de poder amar a tu prójimo, el que te ames a ti mismo. Eso es correcto y viene de Dios. Si no te amas a ti mismo, si aborreces quien eres, cómo eres, lo que eres….entonces acabarás proyectando eso sobre otros y no existe forma en que puedas amar a tu prójimo si lo aborreces en tu corazón. Seamos honestos. Tememos  hacer cosas que acaban beneficiándonos a nosotros mismos, ya que eso no sería “espiritual”. Existe una enseñanza en la iglesia, aun hoy en día, sobre la voluntad de Dios. Y básicamente es esto: Si te gusta algo, entonces seguramente esa cosa no es la voluntad de Dios para tu vida. Porque tienes que poner sobre el altar las cosas que te gustan. Y tanta gente ha hecho cosas, han ido a lugares, han empezado ministerios, han acabado en países extranjeros como misioneros….no porque querían, o sentían que eso encajaba dentro de su personalidad, sino porque sintieron que “era la voluntad de Dios”, ya que realmente  no querían hacerlo.  Suena alocado, lo sé, pero eso es lo que aprendí en la escuela bíblica. Y al hacer esto, acabamos frustrados porque esa cosa, ese ministerio, ese país, no encaja con lo que somos, o lo que nos gusta. Y si estás frustrado en ti mismo, eso afectara tu trato con otros. Si eres demasiado duro contigo mismo, serás demasiado duro con otros. Si esperas lo inalcanzable de ti mismo, esperarás lo mismo de otros. Si no te perdonas a ti mismo, te costará el perdonar a otros. Pero si empiezas a caminar y vivir diariamente en la Gracia de Dios, permitiendo que esa gracia sature tu ser, entonces estarás lleno de gracia para con otros. Cuando nos damos cuenta cuanto nos ama Dios, entonces podemos empezar a amarnos a nosotros mismos. ¿Sabes que hieres a Dios cuando no te amas a ti mismo? Porque Dios te mira y ve un hijo/a por el cual El pagó un gran precio. Dios piensa que eres la persona más hermosa y maravillosa de todo el universo. Y Él quiere que sientas  lo mismo que Él siente. Cuando nos aborrecemos, o nos odiamos, o pensamos que no tenemos valor, o que somos tontos, o nos falta talento…entonces estamos pensando eso de algo que Dios hizo y ama. Vale, puede que no seas la persona más dotada, pero eso no quita del hecho de que NO EXISTE OTRA PERSONA EN EL PLANETA COMO TÚ, y Dios está fascinado contigo. ¿Acaso estoy diciendo que tenemos que aceptar todo lo que somos, sin intentar cambiar cosas en nuestras vidas? NO, ni mucho menos.  Lo que sí estoy diciendo es que tenemos que aceptar el hecho que Dios nos ama tanto, a pesar de los cambios que Él quiere producir en nosotros. Y al empezar a amarnos  a nosotros mismos como Dios nos ama, entonces nuestro deseo será el cambiar esas cosas también. El cambiar cosas en tu vida usando el móvil del amor propio será mucho más productivo y dejará resultados duraderos. Mucho mejor que si intentas cambiar cosas porque las odias, y no te gusta cómo eres. ¿Por qué crees que fracasamos tan rápidamente en cumplir con las resoluciones que hacemos cada Año Nuevo? Porque estamos motivados por algo que no nos gusta en nosotros mismos. La motivación en si es negativa. Por ejemplo, nuestro sobrepeso. Decimos, “no me gusta mi parecer. Odio estos kilos de extra que llevo encima. Voy a empezar un régimen para adelgazar”  Sin embargo, ¿cuánto tiempo duramos en el nuevo régimen? No mucho, y pronto nos encontramos iguales, aumentando de peso nuevamente, y odiándonos a nosotros mismos por ser tan débil. Pero las buenas noticias son: si empiezas a aceptar lo que Dios dice de ti puedes cambiar la forma en que te ves y partir de un punto de vista positivo en vez de negativo,. . ¡Él te ama con un amor incomprensible! Aun tal como eres, te ama de igual forma. No está esperando a que cambies para amarte más. Entonces, hoy mismo mírate al espejo y di: Si Dios me ama tanto, entonces yo también me amaré a mi mismo, y a través del amor propio que irá creciendo en mí, podré amar a mi prójimo de igual forma, y podré cumplir con las palabras de Jesús.

En Su Amor, El Pastor David

  Pastor Myers

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